el verdadero peligro del coronavirus

Los científicos de todo el mundo se encuentran en una carrera para frenar la expansión del coronavirus (COVID-19), cuya alta transmisibilidad tiene en alerta a un gran número de países. Existen diversos frentes para atacar a este agente infeccioso, como el aislamiento social, el lavado de manos, las medidas preventivas, el desarrollo de vacunas, entre otros.

Sin embargo, una cosa es segura: necesitamos conocer al enemigo para poder derrotarlo. Por eso, entre todas las características de cualquier virus, una de las más relevantes es, precisamente, su transmisibilidad. Los virus son partículas formadas por ácidos nucleicos rodeados de proteínas, con capacidad para reproducirse a expensas de las células que invaden.

De manera general, a un virus no le interesa matar al hospedador al que ha invadido. Un virus eficaz es aquel que consigue reproducirse sin ser detectado por quien lo porta, para así poder diseminarse entre otros individuos antes de generar síntomas que impidan la vida normal.

Así pues, la capacidad de transmisión es un término clave a la hora de afrontar cualquier epidemia. En el siguiente espacio te explicamos el por qué y la terminología detallada que conlleva.

Transmisibilidad del coronavirus: ¿qué debemos saber?

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (CDC) detallan que la facilidad con la que se transmite un virus de persona a persona puede variar. Algunos virus son altamente contagiosos, mientras que otros no lo son tanto. Para entender por qué la transmisibilidad del coronavirus es el verdadero peligro, veamos en detalle el proceso.

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El ritmo reproductivo básico

El ritmo reproductivo básico
Se estima que el coronavirus tiene un valor de R0 estimado entre 2 y 3. A pesar de esto, su forma de transmisibilidad representa un peligro.

Definido de manera sencilla, el ritmo reproductivo básico o R0 es el número promedio de casos nuevos que genera un individuo enfermo a lo largo de un período infeccioso. Cuando este valor es menor a una unidad, la infección termina desapareciendo tras un largo periodo. No obstante, si es mayor a una unidad, existe probabilidad de propagación continuada.

Pongamos un ejemplo:

  • El ritmo reproductivo básico del sarampión es de 15 unidades (R0:15)

Este valor expresa que una persona con sarampión puede infectar a otros 15 individuos no vacunados durante su enfermedad de media. En el caso de la gripe común, para ponerlo en perspectiva, el valor de R0 es de 1,3.

Se estima que el coronavirus (COVID-19) tiene un valor de R0 estimado entre 2 y 3. Su transmisibilidad es el doble que el valor de la gripe común, pero ni se acerca a la eficacia de transmisión del sarampión. Entonces, ¿cuál es el peligro real si convivimos con enfermedades con mayor transmisibilidad desde hace décadas?

Periodo de incubación y personas asintomáticas

En las noticias habremos escuchados diversos testimonios estos días: «sí, tengo el coronavirus pero tengo la suerte de ser asintomático». Esta afirmación es un arma de doble filo:

  • Sabemos estadísticamente que el 80 % de los casos de afectados por el coronavirus son leves, por lo que no requieren de hospitalización.
  • En china, 43.000 personas fueron COVID-19 positivas sin síntomas claros.
  • El periodo de incubación es de 5 días a 3 semanas excepcionalmente, con una media de 7 días. Si bien se han registrado portadores en periodo de incubación propagando la enfermedad, no se considera el periodo principal de contagio.

Estos datos son muy esperanzadores a nivel individual: es posible que una persona de bajo riesgo haya pasado esta enfermedad y ni se haya enterado.  Esto es claramente positivo para la persona que lo vive, pero quizá no tanto para los grupos vulnerables que le rodean. Un estado de salud relativa durante la enfermedad aumenta la transmisibilidad del virus.

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La eficacia de pasar inadvertido

Mujer en grupo de riesgo por Covid-19
El coronavirus no causa síntomas severos en todas las personas y de ahí su peligro. Como pasa desapercibido, consigue llegar a más personas que sí pueden estar en los grupos de riesgo.

Si una persona cae gravemente enferma tan pronto como contrae una enfermedad, deberá de ser hospitalizada de forma inmediata. Indirectamente se minimiza la posibilidad de que se exponga a otras personas, y por ello es muy probable que el R0 del virus causante sea menor a 1.

Desde una cama de hospital no puede hacer una vida normal, ni tan siquiera moverse, por lo que es muy difícil que consiga transmitir el virus a una sola persona. Aquí entra en juego la eficacia del coronavirus: muchos portadores pueden hacer vida totalmente normal. Sí, con tos, dolor de cabeza y unas décimas.

¿Quién no ha ido a la compra alguna vez sintiéndose mal? Esta aparente normalidad permite al virus viajar en nuestras partículas producidas por la tos y secreciones, e infectar a más personas, algunas de ellas vulnerables.  Esta es la clave del éxito del coronavirus: permitir a los sanos hacer vida normal para que puedan infectar al máximo número de individuos posibles.

La importancia de la detección

Por estos motivos, en los últimos días se ha hecho tantísimo hincapié en la cantidad de kits de detección rápidos. Lo ideal sería poder realizar pruebas a cada persona que haya estado en contacto con un enfermo, tenga síntomas o no.

Por cuestiones logísticas este proceso es muy difícil. La enfermedad se expande rápido y los recursos y el tiempo son limitados. Debido a esto, en la actualidad solo se realizan pruebas a personal expuesto a la enfermedad o personas con sintomatología clara y que tuvieron contacto previo con enfermos confirmados.

Este es el verdadero motivo del llamamiento a la responsabilidad ciudadana. No podemos saber si estamos contagiados, pero sí minimizar la probabilidad saliendo de casa lo menos posible.

Entonces, el verdadero peligro del coronavirus no es su tasa de mortalidad (alrededor de un 4% y casi exclusivamente en personas de avanzada edad) si no la fácil transmisibilidad que el virus presenta. Es importante minimizar el contacto con otras personas en estos tiempos.

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