La nutrición en la enfermedad renal

La nutrición desempeña un papel relevante en el tratamiento de la enfermedad renal. Si bien son necesarias otras opciones terapéuticas, la alimentación será clave para mejorar la calidad de vida de quienes padecen estos problemas. ¿Qué debería tenerse en cuenta?

En general, mantener una dieta poco saludable puede incidir en las patologías que afectan a este órgano. El consumo de alcohol, por ejemplo, es un factor  de riesgo principal. Por eso, cuando se obtiene un diagnóstico de anomalías en los riñones, es imprescindible corregir la alimentación.

El médico sugiere una consulta con el nutricionista, ya que la dieta debe ajustarse según las características de cada uno. Aún así, hay algunas recomendaciones generales que se pueden tener en cuenta para afrontar los problemas de este órgano y reducir el riesgo de complicaciones.

Cuidado con el aporte de proteínas en la enfermedad renal

Las proteínas son macronutrientes que forman parte del tejido muscular y cuya asimilación se asocia con su correcta función. De hecho, como lo expone una revisión en Nutrition Research, su ingesta regular disminuye el riesgo de afecciones como la sarcopenia, que se caracteriza por la pérdida de masa muscular y fuerza.

En adultos sanos, la recomendación general es incrementar el aporte diario de proteínas para obtener las cantidades adecuadas. No obstante, a la hora de asegurar una buena nutrición en las personas con enfermedad renal, este consejo cambia. 

Dado que es necesario reducir el trabajo de los riñones para no sobrecargar su función, reducir el aporte proteico diario es una buena estrategia. Un estudio publicado en la revista Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care  sugiere que los pacientes con enfermedad crónica renal tengan un consumo proteico no superior a los 0,8 gramos de nutriente/kg de peso al día.

Un consumo elevado de proteína puede sobrecargar la función renal. Por eso, en caso de enfermedad, es esencial reducir el aporte diario.

Es necesario vigilar el aporte de sodio

Otro de los nutrientes que es necesario limitar en los pacientes con enfermedad renal es el sodio. Este mineral es fundamental para el correcto funcionamiento del organismo. Sin embargo, consumir cantidades elevadas del mismo incrementa la carga de trabajo de los riñones.

Por eso, si estos no se encuentran en sus plenas facultades, ingerir demasiado sodio conlleva a deteriorar aún más su función. Incluso, como expone una investigación publicada en la revista Journal of Clinical Hypertension, la ingesta excesiva en personas sanas también aumenta el riesgo de afecciones renales.

Por lo anterior, hay que procurar no sobrepasar la recomendación diaria de 2400 mg de sodio, es decir, una cucharadita de sal de mesa, aproximadamente. Si ya hay un diagnóstico de enfermedad en el riñón, esta cantidad debe reducirse aún más, pues se prohíbe el empleo de sal común y el consumo de ultraprocesados.d renal

Por último, hemos de mencionar la necesidad de restringir el consumo de alcohol para evitar complicaciones a nivel renal. Esta sustancia puede ser la desencadenante de patologías en estos órganos, sobre todo cuando se consume de manera regular, en cantidades excesivas.

Dado que tiene un efecto diurético, incrementa el filtrado de la sangre a nivel renal y aumenta su trabajo. Por consiguiente, se pueden dar episodios más graves de la enfermedad. Así pues, el objetivo de la nutrición será reducir la carga de estrés a la que se ven sometidos con este tipo de sustancias.

No está de más comentar que, paralelamente, las bebidas alcohólicas afectan la salud de otros órganos. El hígado, por ejemplo, puede desarrollar una enfermedad conocida como hígado graso alcohólico.

El alcohol es perjudicial para la salud renal
Las bebidas alcohólicas incrementan la carga sobre los riñones y aumentan el estrés. En consecuencia, pueden complicarse las enfermedades.

La nutrición desempeña un papel esencial en la enfermedad renal

Como hemos comentado, una adecuada nutrición será determinante en el manejo de la enfermedad renal. Saber elegir los alimentos y limitar la ingesta de ciertas sustancias perjudiciales resulta clave para reducir el riesgo de complicaciones.

Así, es preciso moderar el consumo de proteínas y de sal, así como restringir la presencia de alcohol en la dieta. Los demás ajustes deben hacerse de la mano de un profesional de nutrición, de manera individualizada.

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