todo lo que debes saber

Una de las preocupaciones dermatológicas más comunes es la piel grasa. Frente a este trastorno, la demanda de opciones de tratamiento eficaces es siempre evidente, ya que se pretende algún preparado o rutina cosmética que la contrarreste.

Esto se observa en todo tipo de pacientes, incluidos los que no tienen acné, dada su asociación con poros faciales más grandes y una apariencia sucia. Por eso la condición excede a las circunstancias habituales y es hallable en diversidad de personas.

Características de la piel grasa

La piel grasa suele afectar con mayor prevalencia el rostro. De esta forma, el cutis aparece demasiado brillante, con asperezas y sensación de rugosidades gruesas. Se pueden sumar comedones momentáneos o permanentes y poros obstruidos.

En realidad, este tipo de constitución puede provocar una afección dermatológica aún mayor, que es el acné. En algunas personas se trata de una progresión, como si se tratase de la historia natural de una enfermedad, al punto de evolucionar con los siguientes síntomas:

  • Aumento de la generación de sebo.
  • Taponamiento del conducto de salida de la glándula sebácea.
  • Incremento de la actividad bacteriana cutánea.
  • Inflamación en la piel.
El rostro es el lugar primordial donde se nota la piel grasa y el exceso de sebo.

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¿Cuáles son sus causas?

La cantidad de sebo que produce una persona varía a lo largo de su vida. Las glándulas sebáceas están presentes al nacer y muestran una producción alta en ese momento. Estos valores disminuyen hasta la pubertad, momento en el que aumentan de manera drástica.

Las glándulas sebáceas se encuentran dentro de la piel y son las responsables de secretar la grasa. Al lubricar la piel, la protegen de que se reseque o se irrite. Junto con el sudor, salen a través de los poros para cumplir con sus objetivos.

Cuando este proceso transcurre sin problemas, el sebo no solo lubrica la piel, sino que también elimina las células muertas y otros irritantes de los poros. Podemos decir que no es una sustancia indeseable, sino todo lo contrario.

El problema aparece en su exceso. Cuando las glándulas sebáceas hiperactivas producen demasiado sebo, la piel se ve brillante y los poros pueden obstruirse, lo que genera una serie de imperfecciones.

Cuidados para una piel grasa

Numerosos factores influyen en la patogenia de la piel grasa. Por lo tanto, identificar un tratamiento exitoso es todo un desafío a plantear. A continuación te comentamos algunos de los cuidados a tener en consideración.

Usar tónicos dos veces al día

Utilizar limpiadores que contengan ácido salicílico, que disminuye el exceso de sebo, es una rutina que puede emplearse hasta dos veces al día. El ácido glicólico también es un buen ingrediente activo, ya que mejora el tono y la textura general de la piel.

Después de la limpieza, es útil emplear un tónico suave sin alcohol para eliminar las impurezas que el limpiador puede haber pasado por alto. Se debe terminar la rutina aplicando un humectante ligero sin aceite.

Aplicar un astringente cada 2 días

Si la piel es grasa en exceso, se puede usar un astringente para disminuir la apariencia de los poros y eliminar aún más la grasa. Sin embargo, debido a que contienen altos niveles de alcohol, muchos los encuentran resecos y ásperos.

Por ende, como máximo, deben utilizarse cada dos días y nunca después de exfoliar el rostro. De acuerdo a estudios de The journal of clinical & aesthetic dermatology, el hamamelis se usa de manera común en personas con piel grasa y los resultados son prometedores.

Exfoliar una vez cada 15 días

La exfoliación de manera rutinaria es efectiva para evitar que los poros se obstruyan, algo que ocurre a menudo con los tipos de piel grasa. Existen opciones de productos exfoliantes sin aceite diseñados para estas situaciones, pero se debe ser suave al aplicarlo en el rostro para no irritar la piel.

Emplear mascarillas faciales una vez a la semana

Una mascarilla facial de limpieza profunda que contenga arcilla puede absorber el exceso de grasa y reducir el brillo durante varios días. La arcilla se ha empleado en la historia de la dermatología con frecuencia.

Lo ideal es buscar mascarillas que también contengan ingredientes que calmen las molestias y eviten que se seque la piel. Sin embargo, aún así pueden resecar el rostro, por lo que se debe considerar aplicarlas solo en las áreas más grasosas.

Acné en la adolescencia y pubertad.
En la pubertad aumenta la producción de las glándulas sebáceas, lo que estimula la formación de pieles grasas.

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De la piel grasa al acné

La piel grasa es una queja principal y común de los pacientes dermatológicos. Si bien las glándulas sebáceas juegan un papel integral en la función cutánea, son problemáticas para algunas personas cuando se produce sebo excesivo.

Si no se trata, la piel grasa puede provocar brotes de acné y una acumulación de células muertas, lo que lleva a un aspecto cetrino y poros dilatados. Por eso es importante encontrar una manera de abordarla de manera inmediata. Una consulta dermatológica es una buena opción de inicio para establecer consejos en la rutina de belleza y cuidado personal.

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